La Estación de Nieblas

Reseña: Adrastea

Tras la gran Carbono y Silicio, estábamos ansiosos por leer la nueva obra de Mathieu Bablet. Nos llega en 2023 y en esta ocasión, como gran novedad, la editorial española que nos lo trae es Tengu Ediciones, quien parece que será la encargada de seguir publicando los cómics de este pedazo de autor de ahora en adelante.

Portada de la edición española por Tengu Ediciones

Aquí por primera vez Bablet nos sorprende con un giro de timón en el que abandona la ciencia ficción y se pasa a la mitología, concretamente a la griega. Esta es una historia que parte del mito de Hiperbórea, esa tierra más allá de los montes Ripeos, en la que según los griegos habitaban hombres que podían vivir cientos de años.

Allí conocemos a un rey inmortal cuyo nombre desconocemos, un hombre que 1000 años después de que toda Hiperborea cayese, decide despertar de su letargo para partir en un viaje cuyo único objetivo es el de encontrarle sentido a su propia vida y sobre todo a su inmortalidad.

Una inmortalidad que ha terminado siendo una condena para él ya que le ha llevado a olvidar a sus seres queridos, a su hijo y prácticamente toda su vida. Pero en especial, lamenta la pérdida de su amor.

En el cómic nuestro protagonista viajará por templos, ciudades clásicas, se cruzará con personajes mitológicos y criaturas de leyenda (como ese Talos, el gigante metálico que vemos en la portada), con algunos tendrá enfrentamientos (más por darle algo de salsa al relato que porque aporte algo a la trama) y con otros entablará conversaciones, casi siempre dirigidas hacia esas dudas existenciales sobre el porqué de su inmortalidad. Pero tendremos también una gran cantidad de páginas donde lo único que veremos será a este rey caminando por espectaculares escenarios, que a los lectores que disfruten del dibujo de Bablet o de las obras con paisajes apabullantes, será algo que les encante. Personalmente me trajo a la cabeza el manga de Blame! de Tsutomu Nihei, sobre todo a esos tomos iniciales donde veíamos a Killy páginas y páginas caminando por un mundo oscuro y extraño, y que era algo que me terminaba hipnotizando. Aquí me ha sucedido algo muy parecido, solo que cambiando lo del mundo oscuro, por una brillante tierra mitológica y salvaje en la que la vista se me perdía en cada viñeta.

Este recurso de Bablet de darle mucha relevancia a los entornos es algo que venimos viendo desde La Bella Muerte. Allí era un mundo apocalíptico, en Shangrila fue una monstruosa estación espacial, en Carbono y Silicio fueron todos y cada uno de los rincones de la tierra, a través de distintas épocas, y ahora en Adrastea es la Grecia clásica y mitológica. Pero hasta ahora nunca había visto a Bablet dejar tan de lado a la historia y cederle el protagonismo al dibujo, y más concretamente a sus paisajes, durante tantas páginas como en este volumen.

Es como si el autor nos dijese: no tengo mucho más que contar, pero si tengo mucho que mostraros.

De hecho pasa por alto muchos hilos de los que podría haber tirado tranquilamente pero de los que decide pasar completamente, personajes conocidos por todos que apenas hacen un cameo o criaturas cuya aparición es anecdótica. Al final todos son tan sólo breves paradas en el este deambular eterno del protagonista, y por eso creo que Bablet se detiene en ellos.

Hay muchos detallitos que gustarán a los amantes de la mitología en forma de personajes y de escenarios. Las viñetas están atestadas de detalles, y seguramente en ellas encontraréis referencias que a mí se me han escapado. Y hablando de esto, quiero pasar ya a la edición y comentaros que uno de los extras que incluye es un glosario donde el propio autor decide destripar vilmente todos estos cameos y referencias, enumerándolos y dándoles nombre, descripción e incluso marcando la página donde aparecen. A mí eso me chafó un poco, ya que tenía intención de releer la obra atendiendo a esos detalles para intentar localizar nuevas referencias, y al final pues no… porque me dieron todo el trabajo mascado.

Además de esos apéndices, la edición de Tengu incluye detalles tan divertidos como unos salvaguardas que recrean el mapa de Grecia al estilo pixel art, quedando todo estupendamente recogida en un tomazo de gran formato en tapa dura que respeta el de sus otras obras ya publicadas en España por Dibbuks.

Adrastea al final es el trabajo más sencillo de Bablet, su obra más minimalista, en la que se formulan las preguntas más sencillas (y complejas a la vez) de toda su bibliografía. Argumentalmente ha podado los árboles que eran Shangrila o Carbono y Silicio y nos ha dejado un tronco lineal por el que camina el protagonista de este cómic. Mantiene eso si, su existencialismo habitual, ese toque melancólico, la historia de amor que florece cuando menos lo esperas y un dibujo excepcional que pocos pueden igualar, que aquí es quizá algo más tosco o sucio que en obras anteriores, pero que resulta increíblemente estimulante.

Me ha gustado. Bastante. Aunque saboreándolo a un nivel diferente al que nos tiene acostumbrados.

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