La Estación de Nieblas

Reseña: Los buenos veranos

Europeo

Reseña: Los buenos veranos

Si algo bueno tienen las vacaciones es que, más tarde o más temprano, acaban llegando. Y esa es la idea con la que inician cada uno de los 6 albumes que componen hasta la fecha Los buenos veranos de Zidrou y Jordi Lafebre: con el inicio de las vacaciones de verano de una familia belga de lo más normal.

Portada del volumen integral publicado por Norma

Los Buenos Veranos es una colección de álbumes europeos que Norma Editorial ha estado publicando en nuestro país entre 2016 y 2022, a casi un álbum anual. Ahora además, contamos en tiendas con un tomo que recopila estas 6 historias de forma integral, excusa más que perfecta para hablaros de ella.

Sobre los creadores, mencionar que estamos ante dos de los más grandes autores europeos del momento. Por un lado el guionista Zidrou, a quien hemos visto en comics como La Bestia y Jordi Lafebre, dibujante español que nos trajo Carta Blanca (ya reseñada en nuestro podcast). Ambos autores ya compartieron créditos en el cómic Lydie que en castellano también publica Norma.

Cada álbum de Los Buenos Veranos, como ya os adelantaba, nos cuenta una de las vacaciones de verano de la familia Falderault: compuesta por el padre llamado Pierre, su esposa Mado, y sus 4 hijos.

El primero de los álbumes nos lleva a 1973 y al igual que todos los restantes, se iniciará con Pierre encerrado en su despacho dibujando como un loco, ya que es autor de cómics para una revista, con el objetivo de entregar las páginas pendientes a su editor y comenzar así las vacaciones de verano.

En cuanto logra acabar esas páginas, toda la familia se sube en el coche, al que llaman Don Bermellón y que acabará convirtiéndose prácticamente en un personaje más de la historia, rumbo al sur.

A partir de aquí Zidrou se dedica a contarnos el día a día de esta familia con relatos de lo más cotidianos pero cargados de pequeños momentos que nos harán sonreír y disfrutar junto a esta familia de los pequeños placeres de la vida: detenerse junto a un río para hacer un picnic, comprar un buen cartucho de patatas fritas, leer un tebeo bajo la sombra de un árbol…

No sé muy bien cuál es el truco de este autor para conseguir enganchar tanto con relatos tan aparentemente sencillos, pero lo logra sobradamente. Combina a la perfección el drama y la comedia, y lo hace sin caer en ningún momento en la ñoñería o en la sensiblería barata. Todo lo contrario, consigue crear viñetas que parecen extraídas del recuerdo colectivo de los veranos que todos hemos vivido. Por ello, es muy sencillo empatizar con estas historias tan humanas y con las escenas que nos van regalando.

Todo esto lo vemos desde el primer volumen, que además me parece una apertura genial, pero según nos adentramos en los siguientes empezaremos a profundizar en otros detalles, el más importante es la evolución de esta familia, de sus relaciones y de sus rituales. Porque cada volumen de Los Buenos Veranos nos llevará a un año distinto, que puede ser posterior o anterior a los que hayamos leído. Así, viajaremos a: 1973, 1969, 1962, 1980, 1979 y 1972, en ese orden.

En cada número iremos leyendo referencias a acontecimientos del pasado que quizá luego veamos unos números posteriores. Puede suceder que presenciemos pequeños gestos u objetos cuyo significado entenderemos al avanzar muchas páginas en la lectura. Son guiños y detalles que por supuesto no afectan en nada a la comprensión de la historia, pero que ayudan a hacer de esta familia, algo mucho más real y a tomarles mucho más cariño.

Vemos crecer a los niños y, por ejemplo, el único chico de la casa pasa de ser un chaval introspectivo que se pasa todas las vacaciones leyendo comics, a convertirse en un adolescente fan de The Wall de Pink Floyd con el único objetivo de ir a verles en concierto.

A Pierre, el padre, lo veremos sufrir con las fechas de entrega, presentar diferentes historias a lo largo de los años, pasar de ayudante de un popular autor a buscarse las castañas por sí mismo, pero sobre todo lo vemos siempre tirando del carro de la familia con una sonrisa.

Y esto sucede con todos y cada uno de los componentes de esta familia. Todos ellos tiene sus problemas, sus historias personales y, sobre todo, su evolución a lo largo de cada cómic.

¿Y qué diferencia por tanto a un álbum de otro más allá de la edad de los personajes? ¡Pues gran parte de la gracia reside precisamente en que no hay demasiadas diferencias! Cada vez que abrimos un nuevo tomo de Los Buenos Veranos, lo hacemos sabiendo que encontraremos a la madre y los hijos esperando al pie de la escalera a que Pierre termine de dibujar, que luego se subirán en el coche cantando la misma canción de siempre, y que posiblemente viajen sin un rumbo fijo, solo con el objetivo de encontrar algo de sol.


Y todo esto se disfruta mucho porque es básicamente volver a vivir esa agradable rutina de nuestros años de niñez (o de adultos, lo mismo da), viajando con nuestros padres, hermanos, primos o abuelos año tras año. Hay ocasiones en las que ciertas cosas saldrán mal, que sucederán imprevistos o que surgirán sorpresas. Pero en Los Buenos Veranos todo esto siempre se tratará con filosofía y actitud positiva para que al cerrar el tomo, nos quedemos con un gran sabor de boca, una sonrisa y el recuerdo de un verano que, puede que de aquí a un tiempo, pensemos que vivimos en nuestra propia piel.

Así que no voy a entrar en muchos detalles a nivel álbumes individuales, solo diré que sutilmente iremos tocando temas como el convertirnos en adultos, las crisis de pareja, los primeros amores o las inseguridades. Pero todo ello siempre mientras disfrutamos de infinidad de anécdotas durante estos viajes en familia.

En cuanto al dibujo, una vez más Lafebre deja boquiabierto a cualquiera que se detenga un segundo ante sus páginas. La calidad en este aspecto es soberbia, con un cuidado por el detalle arrollador. Lafebre adapta cada prenda de vestir, cada calle, cada vehículo, el año en el que se ambiente la historia, llevando a cabo una labor de documentación y ambientación sobresaliente. Además demuestra una habilidad única a la hora de mostrar las expresiones de sus personajes, tanto en rostros como en gestos, dándole una plasticidad única digna de las mejores películas de animación.

Gracias al trabajo de Lafebre, Los Buenos Veranos termina cobrando una capa más de profundidad, y de hecho el dibujo es sin duda uno de los grandes alicientes con los que cuenta esta serie y el cebo perfecto para hacernos volver una y otra vez a este volumen para releer los diferentes álbumes.

Siempre me gusta ser un poco crítico con todo lo que leo, y en esta ocasión el punto gris voy a ponérselo al quinto álbum de la serie, en el que se optó por cambiar las vacaciones de verano por las de navidad, algo que rompió un poco con la dinámica de los álbumes anteriores y, a mí personalmente, terminó por parecerme un cambio poco acertado.

A pesar de este detalle nimio, no puedo más que recomendar al 100% la lectura de esta joyita europea costumbrista. Recomendada para todos los que busquen algo que te haga disfrutar sin sobresaltos, para los fans de los slices of life japoneses tan de moda… leeros esto y os daréis cuenta de que teníais al lado de casa una obra que poco tiene que envidiar a vuestros mangas favoritos del género. Y también por supuesto para todos los que gocéis con un dibujo de calidad, no podéis perderos el trabajo que Lafebre ha hecho aquí.

Lo único que me pregunto ahora es… ¿el sexto álbum habrá sido el último realmente o continuarán los veranos de la familia Falderault?

ESCUCHA LA RESEÑA DE LOS BUENOS VERANOS EN ESTE ENLACE

Previous post
Next post
Related Posts
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *