En esta reseña quiero hablaros de Loca Loca, un cómic ambientado en un universo del cómic europeo bastante conocido: Mutafukaz, que aquí en España no ha tenido demasiada buena fortuna.
El mundo de Mutafukaz seguro que os suena a más de uno. Se trata de una serie de cómics del sello 619 francés, guionizados y dibujados por Run que en su momento Dibbuks intentó publicar en España,aunque únicamente acabaron apareciendo 2 números (además de otro spin off llamado Puta Madre). Una de las grandes protagonistas de Mutafukaz era la ciudad en la que se ambienta: Dark Meat City, una urbe con un estilo muy gamberro, gangsta y hiphopero.

Pues esta es precisamente la ciudad en la que se ambienta Loba Loca. Una historia en la que Run se mantendrá en el rol de guionista cediendo el control del dibujo a una de las estrellas del panorama europeo: Singelin, sin duda la razón por la que Nuevo Nueve ha decidido descorchar la botella de Mutafukaz con este spin off.
Singelin ya es bastante conocido en nuestro país, siendo un autor que ha pegado fuerte con cómics como PTSD y sobre todo con Frontier, ambos por cierto ya reseñados en nuestro podcast, así que no es raro que la editorial haya decidido apostar por este cómic que, realmente, se empezó a crear antes incluso que los dos mencionados: en 2019, cerrándose en 2020 con su sexto número. Todos ellos están recogidos en esta cuidada edición que Nuevo Nueve nos trae en tapa blanda.
En Loba Loca vamos a conocer a Guada, una adolescente que vive sola con su madre y que anda bastante perdida. En las primeras páginas conocemos un poco de su vida y veremos como no le va demasiado bien ni con los chicos, ni en clase,ni con sus amigos.

De hecho vemos que todos estos problemas hacen que un mal día, Guada pierda el control y acabe atacando a una compañera de clase. Un evento que servirá a nuestra protagonista para replantearse cosas, comezando entonces a buscarle un sentido a su vida. Algo que parece encontrar cuando descubre que su padre (de quien hasta la fecha no sabía absolutamente nada) fue un luchador de wrestler.
A partir de aquí Guada intentará seguir el hilo de este luchador, dando con Tigre, un antiguo compañero de su progenitor con el que intentará iniciarse en la lucha libre, y con quien un viaje de autodescubrimiento con momentos de road movie, de enfrentamientos y regado además de mensajes, moralejas y críticas a temas muy actuales como las redes sociales, los reality shows, el bullying, etc..

El conjunto de la historia me ha dejado un muy buen sabor de boca: tiene claro que lo principal es la evolución de su protagonista, y para ello no se corta en ir saltando de tema en tema, combinándolos todos con mucho talento además, y sin detenerse en ninguno más de lo necesario. Por eso se me hace difícil enmarcar esta historia en un género concreto o en una temática puntual, digamos que es todo lo que he dicho junto y a la vez nada de todo eso.
Por cerrar esta parte de la historia, le daría un punto positivo y otro negativo extra. El positivo iría para la relación entre Guada y Tigre, que comienza de forma muy tirante y va evolucionando hasta que se generan unos lazos muy tiernos. Y el negativo, para ciertos detalles en el cierre de la historia, donde algunos asuntos se solucionan de forma demasiado irreal y simplista.
En cuanto al dibujo de Singelin, decir que mantiene el nivelazo al que nos tiene acostumbrados, en esta ocasión con un estilo más en la línea de PTSD (sin esos diseños chibis de Frontier) pero con una línea más clara y potente. Lo que más destaca como siempre es esa obsesión por los detalles que hace que cada viñeta esté hasta los topes de arte.

Así que puedo decir que este Loba Loca me ha resultado una lectura más que agradable, la gocé de principio a fin de una sola sentada y metiéndome de lleno en una historia sobre la que no tenía muy claro que esperar, y que resultó ser un viaje variado tan entretenido como variado.
Ahora solos queda esperar y ver si este tomo tiene éxito y sirve para que nos termine llegando por fin una edición en condiciones de Mutafukaz en castellano.
