La Estación de Nieblas

Reseña: Astérix en Lusitania

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Reseña: Astérix en Lusitania

Hispania, la india, italia, Bélgica, Córcega… todos estos países tienen algo en común, y es haber recibido la visita de los galos más famosos del mundo del cómic: Astérix y Obélix. Recientemente hemos recibido el cuadragésimo primer álbum de su serie y una vez más se marchan de viaje, en este caso a Portugal con Astérix en Lusitania, de Fabcaro y Didier Conrad.

El recorrido de la colección de Astérix podríamos dividirlo a muy grandes rasgos en 3 grandes bloques:

  • El primero con sus dos creadores originales al mando (Gosciny y Uderzo), que se mantuvo desde 1959 hasta la publicación del álbum número 24: Astérix en Bélgica en 1979 (un cómic póstumo lanzado 2 años después del fallecimiento del guionista Gosciny).
  • A partir de entonces fue Uderzo quien dio continuidad a la serie encargándose él mismo de historia y dibujo. Aquí entraron 7 nuevos álbumes (desde el 25 que fue La Gran Zanja hasta el 31 que fue ¡El Cielo se nos cae encima!, lanzado en 2005), una época bastante irregular para la serie,  con algunas historias dignas pero otras muy flojas en mi opinión. También durante estos años nos llegaron un par de recopilatorios de historias cortas y tras estos, Uderzo ya con una edad bastante avanzada, decidió ceder el testigo a nuevos autores que continuaran dando forma a la leyenda de Astérix, entrando ya en lo que sería la tercera fase del personaje.

Los elegidos para heredar tremendo trabajo fueron Ferri como guionista y Didier Conrad a los lápices. Desde 2013 vinieron publicando un nuevo álbum cada 2 años, lanzando un total de 5 nuevas historias para Astérix en las que intentaban darle un estilo muy continuista al personaje, añadiendo las novedades justas a cada tomo. Mis sensaciones de esta etapa son que en sus historias fueron de menos a más y justo cuando el público tenía a esta pareja creativa un poquito más aceptada (sobre todo tras el lanzamiento del su último álbum juntos: Astérix tras las huellas del grifo, que tuvo bastante buena acogida), Ferri decidió dejar la serie durante una temporada para centrarse en otros proyectos.

Y así fue como llegó Fabcaro a Astérix, manteniendo a Conrad como su pareja de baile.

Su primer álbum juntos (y el único hasta la llegada de este Astérix en Lusitania) fue El Lirio Blanco, un cómic que a mi personalmente me resultó un pastiche conformado a partir de recortes sacados de otras historias de Astérix, con La Cizaña como álbum base. Hay que decir que viendo un poco la reacción del público en general, parece que tuvo mejor acogida que las obras firmadas por Ferri. Pero aún así, en lo que todos coinciden, es en que quedan muy lejos de la edad de oro con Gosciny y Uderzo.

Y así llegamos a este volumen 41 de Astérix. Una historia que recupera uno de los conceptos más clásicos y populares del personaje: el de los viajes. Como os decía al principio Astérix y Obélix han viajado ya prácticamente por toda Europa y más allá. En estos cómics siempre hay alguna excusa para sacar a los personajes de su aldea y situarlos en cualquier otro lugar para dedicar buena parte de los chistes del álbum en cuestión a todos esos detalles locales propios, aprovechando además para hacer una visita turística por las localizaciones más representativas del país. A mí es una idea que, a estas alturas, me tiene un poco aburrido, y salvo algunas excepciones puntuales no puedo decir que sean de mis álbumes favoritos. Pero en fin, este álbum que nos ocupa, podemos tomárnoslo como una forma de facilitar la entrada a Fabcaro en Astérix y dejarle en bandeja el camino a seguir a nivel argumental. Y desde luego que el hombre se lo tomó al pie de la letra.

El detonante de la acción no puede ser más básico. Un buen día aparece un lusitano por la aldea pidiendo ayuda para rescatar a su mejor amigo, encerrado en una prisión de Olisipo (lo que es hoy día Lisboa) tras ser falsamente acusado de atentar contra César. Ante tamaña injusticia, Astérix, Obélix y por supuesto el bueno de Ideafix se embarcan rumbo a Lusitania para aclarar el asunto.

Lo más simpático este inicio descafeinado, para mí, fue ver que este Lusitano que venía en busca de ayuda era el mismo que ya vimos como esclavo en el tomo de La Residencia de los Dioses. Un cameo gracioso que me pareció un bonito guiño a los autores originales.

En cuanto los protagonistas llegan a la costa de Portugal, es cuando más pone el argumento el piloto automático. Rápidamente se nos plantan los 2 o 3 recursos humorísticos de los que va a vivir el álbum buena parte de sus páginas: la saudade portuguesa (ese sentimiento de melancolía y tristeza inherente en los habitantes de esta zona) y el bacalao. Nos vamos a hinchar a leer chistes sobre estos dos temas, y en general no muy buenos.

La historia va estar guiada siempre por la búsqueda de Aversivivés, este lusitano injustamente encacelado, y transmite unas sensaciones bastante más de investigación que otras historias de Astérix, estando por ejemplo la acción mucho menos presente de lo habitual.

En lo referente al humor, que es el principal elemento en cualquier cómic de Astérix, debo confesar que no me pareció nada destacable. Encontré un par de buenos gags, y el resto fue todo bastante plano. Con detalles simpáticos pero que ni mucho menos te llevaban de carcajada en carcajada como en otras historias de los galos. Tal y como sucede con el argumento, da la impresión que los chistes y situaciones van con el piloto automático puesto y sobre todo tratando de no salirse nunca de la línea del humor clásico de Gosciny, lo que de nuevo, como sucedía en El Lirio Blanco, nos llevaba a ver situaciones que parecían sacadas de otros álbumes pero ligeramente maquilladas (y por supuesto sin la chispa única del guionista original).

Fijaos si la cosa presenta pocas novedades, que lo que todo el mundo destaca de esta historia como gran innovación es la escena en la que Astérix y Obélix se camuflan entre los lusitanos disfrazándose y tiñéndose el pelo de negro para pasar desapercibidos. Un detalle anecdótico y bastante poco remarcable en cualquier otra colección, pero que aquí es el gran giro de guion que parece de obligatoria mención.

El propio Conrad comentó que en esta época en la que estamos es bastante complicado hacer humor sin ofender o herir sensibilidades. Y en eso estoy muy de acuerdo. Así que eso, sumado al hecho de tener que mantenerse dentro del estilo humorístico de Gosciny en lugar de volar con un poco más de libertad, hace que toda la parte cómica de este álbum, sin ser terrible ni mucho menos, si que me ha lucido bastante desangelada y falta de alma.

Más allá de esto, durante la aventura encontraremos por supuesto críticas a temas actuales camuflados en la historia (algo habitual siempre en los cómics de Astérix, que permite esa lectura a dos niveles según la edad de quien lo esté disfrutando), guiños a personajes de la vida real en el dibujo como por ejemplo un jovencito Cristiano Ronaldo que veremos por ahí jugando al fútbol o al cómico Ricky Gervais, no faltarán tampoco los nombres tan surrealistas como divertidos, y por supuesto muchos juegos de palabras que, imagino, habrán sido la pesadilla de los traductores al castellano.

En conclusión, a nivel argumental, ha sido una historia muy básica. El humor era lo que la podría haber salvado pero sinceramente tampoco ha habido chistes lo suficientemente memorables como para quedar en el recuerdo.

El dibujo por su lado es otro cantar. Para mí el trabajo de Conrad y su colorista Mebarki es estupendo, brillante y detallado. Además, el hecho de ser este un álbum de viajes, con muchas localizaciones espectaculares y lugares emblemáticos, hace que brille todavía más. Ambos artistas logran transmitir la luz y los colores de Portugal, presentan diseños de personajes divertidos (todos con esos rostros amables y tristes a la vez) y mantienen esa plasticidad y expresividad en todos ellos que me encantan y que tanto veíamos en el trabajo de Uderzo. De hecho me reí mucho más gracias a las expresiones y al dibujo, que a los propios gags.

No es Uderzo, efectivamente, es Conrad. Pero no por ello es peor dibujante ni mucho menos. Su único problema es estar dibujando uno de los iconos más grandes del cómic y estar por tanto sometido a ciertas limitaciones creativas de las que no creo que la editorial lo deje salir. Pero en mi opinión ha sabido adaptarse a ellas maravillosamente y aportar su toquecito aquí y allí para dejar su sello personal.

En conclusión, creo que hemos visto las dos caras de una misma moneda aquí: un dibujante que ha sabido tomar el relevo y seguir aportando frescura a la saga de Astérix manteniendo las reglas que establecieron Gosciny y Uderzo, y un guionista que ha intentado hacer lo propio pero cuyo resultado es bastante menos brillante y huele más a pasado.

Son pocos los álbumes de Astérix que durante la lectura me han obligado a revisar cuantas páginas les quedaban para terminar porque se me estaban haciendo pesados. Y desafortunadamente este es uno de ellos. Se han unido demasiadas cosas negativas para mí: álbum de viajes, historia forzada, simplona y poco original, chistes en muchos casos sin gracia y repetitivos… No lo suspendería realmente porque se termina haciendo llevadero, pero si que le daría un aprobado justito sin más, y sin duda lo colocaría entre las historias que menos me han gustado de Astérix de toda la colección.

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