Ya tenemos entre manos lo nuevo de Guillaume Singelin, ese Frontier con el que tanto tiempo lleva Grafito Editorial alimentando el hype (casi un año desde que escuché de su licencia por primera vez) y que además estuvo mimando tanto mediante preventas y regalos exclusivos.

Antes de continuar, quiero recordaros que la obra anterior de su autor: PTSD, ya fue reseñada por Chus en nuestro podcast, así que si queréis conocerla os recomiendo que le deis una escucha a este vídeo que os enlazamos.
Y ahora si, ya os hablo de esta Frontier, una obra publicada en Francia en 2023 tras financiarse a través de Kickstarter y que acumula ya unos cuantos premios, el más importante seguramente ese Eco Fauve en Angouleme, que se otorga a los cómics que de mejor manera tratan temas ecológicos.

Y es que, aunque Frontier es total y absolutamente un cómic de ciencia ficción, también tiene un gran contenido ecológico y crítico con el desarrollo y expansión descontrolado de las grandes corporaciones y del capitalismo.
La edición de Grafito es preciosa y exactamente igual a la original francesa, en tapa dura y con un papel de gran calidad a un precio de 26 €.
La historia comienza con una científica a la que una gran empresa en expansión le quita de las manos el gran proyecto de su vida, trasladándola entonces de un puesto a otro hasta que acaba en una estación espacial donde, cansada ya de esta situación y animada por otro trabajador, se revelará y comenzará un viaje tratando ambos de librarse de todo ese mundo hiperconectado y ultracontrolado.

Con ellos dos, y algún que otro compañero más que se irá uniendo por el camino, iremos visitando mundos espectaculares, asentamientos humanos, ciudades y estaciones espaciales. Tendremos aventuras, mucha crítica social y un elaborado trasfondo a nivel argumental que nos irá añadiendo detalles, ya no solo de las distintas megacorporaciones, si no también del entramado social de este mundo que se nos irá expandiendo tanto a través de los diálogos como mediante el apabullante dibujo de Singelin.
Y es que este hombre nos deja mudos con su trabajo. El apartado visual lleva al máximo el contraste entre un diseño de personaje totalmente kawaii (ya sabéis, personajes pequeñitos, monos, con cabeza grande y cuerpo diminuto) y unos escenarios hiperrealistas atestados de detalles hasta decir basta. Un cruce entre Made in Abyss y el Shangrila de Bablet, por poneros un ejemplo.

No hay viñeta sin que tengamos información adicional en el dibujo sobre este mundo, su organización, su flora, su tecnología, la forma de vivir o de interactuar entre los trabajadores. Te cuenta muchísimo sin necesidad de decir ni una palabra. Y eso, la verdad, es que es una auténtica pasada.
Singelin ha querido en este cómic no sólo crear un mundo que tenga un aspecto real y complejo, si no que además busca tocar una cantidad de temas enormes. Y además, como si todo lo anterior fuese poco, nos va sazonando la lectura con momentos de acción y aventura clásicos, lo que hace que: primero, al finalizar el tomo tengamos una sensación de haber hecho un viaje trepidante y muy intenso, y segundo que de tantas ideas y situaciones que nos lanza a la cara nos quedemos con una sensación de no haber podido retenerlo todo como se merecía. Por lo que sin duda es un cómic que invita a una pronta relectura.

Al final tenemos una gran obra de ciencia ficción, tan trabajada a nivel artístico y de trasfondo que, por momentos, da la sensación de estar enfrentándonos a una de esas novelas de ficción dura. Pero Singelin opta finalmente por sumergirnos en un viaje de descubrimiento en el que brillará sobre todo la crítica social.
A mi me ha sorprendido muy positivamente. Además de lo mencionado, vuelvo a destacar ese contraste entre el aspecto tierno del dibujo y las situaciones tan duras que iremos viendo durante la obra. Tan pronto estaremos riéndonos con las tonterías de Goku, el monito mascota de uno de los protagonistas, como presenciando un tiroteo con balas atravesando cabezas.
Así que por mi parte, otra obra más que recomendada.
