La Estación de Nieblas

Reseña: Eight Billion Genies

Eight Billion Genies, de Image Comics ha llegado a España de la mano de Panini, estamos ante una obra creada por Charles Soule (guionista entre muchos otros de La Carta 44 o Undiscovered Country, además de comics Marvel como Daredevil) y de los lápices de Ryan Browne, dibujante que ha participado por ejemplo en Los Proyectos Manhattan.

La historia se publicó originalmente en 8 grapas, y aquí lo tenemos en un tomo integral en tapa dura a un precio de 35€.

¿Y qué nos cuenta este Eight Billion Genies? Pues una idea bastante loca. Tan loca de hecho, que estuvo en el cajón de sus autores durante muchos años porque aunque la premisa era muy original, su mismo concepto parecía imposible de llevarse a un relato con un desarrollo lógico. Aunque finalmente lograron encauzarla.

La historia comienza justo en el momento en el que la población mundial alcanza los 8 mil millones de personas. En ese mismo instante, a cada ser humano (sin importar su edad, su estado físico o mental) se le aparece un pequeño genio azulado que le ofrece la oportunidad de pedir un deseo. El que él quiera, sin apenas limitaciones.

¿Qué pasa entonces? Pues lo que era de esperar. Los siguientes minutos se convierten en un auténtico caos para nuestro planeta y prácticamente todo el status quo que conocemos salta por los aires.

Imaginaros: Adultos que piden que desaparezca gente a la que no soportan, niños que desean tener robots gigantes o dinosaurios como compañeros de juego, gente sin dos dedos de frente que otorgan vida a la luna, otros que quieren un castillo volador… y así hasta 8 mil millones de deseos.

Este locurón lo iremos viendo desde un lugar bastante aislado y seguro: un pequeño bar de Michigan en el que coinciden un reducido grupo de personas, que serán los protagonistas del cómic. Todos ellos obviamente, ven aparecer a sus correspondientes genios en el mismo instante que el resto de la humanidad, pero el dueño de este bar es rápido de reflejos y pide algo muy particular: “Deseo que ningún deseo pedido fuera de este bar pueda afectar a nada ni nadie de su interior”. Con lo que consigue convertir su local en un fortín a prueba de monstruos, explosiones, meteoritos y cualquier otra locura que pudiera devenir de otros deseos.

Y con esta premisa empieza la historia. Un viaje que a mí me ha tenido enganchado durante sus 280 páginas y que cuenta con uno de los inicios más estimulantes dentro del cómic en lo que llevamos de año.

Pasados esos primeros compases de la obra, se nos van explicando ciertas reglas y descubrimos cosas como que los genios no tienen límite de tiempo para conceder su deseo. Si necesitamos años para decidirnos, él simplemente estará ahí acompañándonos hasta que lo pidamos.

Esto hace que el argumento del cómic empiece a desarrollarse de forma curiosa, con gente que guarda sus deseos para defenderse del mundo exterior, otros que los desperdician estúpidamente para luego encontrarse indefensos e incluso algunos que logran manipular a otras personas para apoderarse de sus deseos y montar así grandes naciones surgidas de su propia imaginación.

Lo mejor de esto es ver como los autores hacen que los deseos transformen el mundo que conocemos por completo, y que pasemos de nuestra aburrida realidad a algo totalmente bizarro y absolutamente caótico, todo ello sin caer en el típico relato gamberrete y facilón que muchas veces nos encontramos en el cómic americano.

La historia evoluciona y se desarrolla de muy buena manera, llevando cada vez más el mundo a la autodestrucción pero manteniendo la mirada puesta en ese grupo de personajes que conocimos en el bar y que con el paso de los días, los años e incluso los siglos, irán evolucionando, abandonando esta fortaleza y sorprendiendonos por los caminos que optan seguir. No quiero hablar mucho más, pero si me gustaría remarcar que esta es una de esas historias que abarcan un largo periodo de tiempo en su narrativa, con lo que tendremos un desarrollo amplio de todo lo que se nos narra.

El dibujo por su parte me ha gustado. No es el punto más fuerte de Eight Billion Genies pero si que se desenvuelve muy bien en las mil y una situaciones a las que debe enfrentarse, tanto en las más realistas como en aquellas más alocadas y surrealistas. Además el color le juega muy a su favor.

Destacar eso sí, el grandísimo diseño de los genios. Unos personajillos azules, una especie de fantasmas estilo chibi, que son la mar de majos tanto por su aspecto como por su forma de ser.

En conclusión, puedo decir que he quedado muy satisfecho con este Eight Billion Genies. Era un cómic del que, guiándome solo por su premisa, no sabía muy bien que esperarme, ya que las posibilidades eran infinitas. Pero al final me ha dejado un estupendo sabor de boca, sobre todo gracias al buen trabajo de guión en el que sus autores han demostrado mucha habilidad para lograr ponerle ciertos límites a un desparrame que en cualquier instante podría habérseles ido de las manos. Todo ello sin que estos limitantes rechinen en exceso argumentalmente y sin caer en lo fácil, que habría sido meter aquí un aluvión de escenas grotescas sin mucha conexión y sin aspiraciones narrativas. De hecho Eight Billion Genies cuenta con un cierre realmente bueno que, para mí, termina por ponerle el broche de oro a este cómic.

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