Fungirl es la primera obra de Elizabeth Pich en solitario, una autora alemana que tuvo cierta fama gracias a unas tiras cómicas que escribió y dibujó junto a Jonathan Kunz llamadas War and Peas. Estas tiras giraban entorno al día a día de una bruja contemporánea y su gato negro parlante.

Al que le suene esto a Megg Mogg y Buho, que sepa que no irá desencaminado con el feeling que esta autora parece buscar en sus obras. Eso si, en aquellas tiras parece que se pasó un poco a la hora de inspirarse en la obra de Simmon Hanselman. Pero de eso hablaremos luego.
El cómic nos lo trae en castellano Fandogamia en una edición integral preciosa en tapa dura cosida de unas 260 páginas a tan solo 20€ . Una auténtica pasada de edición y precio por la que hay que aplaudir a esta editorial.
En Fungirl, Pich nos propone una comedia irreverente y provocativa, protagonizada por una chica que vive en un piso compartido junto a su mejor amiga (que a la vez es su ex pareja) y cuya vida es un absoluto desastre. No tiene trabajo ni aspiraciones, se pasa la vida saltando de polvo en polvo y suele comunicarse soltando por la boca lo primero que le pasa por la cabeza.

A su alrededor tenemos un grupo de personajes recurrentes que ayudarán a generar esas sensaciones de comedia de situación: tenemos a la mencionada compañera de piso, a su pareja (un chaval al que todos ningunean y que es, básicamente, un pagafantas de la generación Z), al propietario de una funeraria donde entrará a trabajar la protagonista y poco más. Todos estos personajes son mucho más cabales, y aunque cada uno tenga sus problemas, su principal función en la obra es aguantar como puedan a la inestable de Fungirl.
El cómic se construye a través sketches, muchos de ellos de unas 3 o 4 páginas, que a su vez se unen formando pequeñas historias con cierta continuidad. Según vamos avanzando en la lectura, algunas historias serán un poco más largas, pero todas se basan en contarnos el día a día de Fungirl, sus ligues, sus problemas para adaptarse a la sociedad, sus dudas, etc… Y por supuesto, todos tendrán como motor principal su desquiciada y en muchas ocasiones insoportable personalidad.
Y es que creo que la principal baza de este cómic es precisamente su elemento más cuestionable: el humor. Como algunos sabréis, soy un gran seguidor de Megg Mogg y Buho, el cómic del mencionado Hanselman, una obra independiente, llena de humor negrísimo, brutal y ofensivo como pocos (de la que por cierto tenéis un especial en este enlace). Es decir, que este tipo de comedias algo más salvajes, a mí personalmente no me molestan en absoluto, es más, si algo me atrajo de Fungirl fue precisamente esa idea que nos vendían.

Y realmente, ¿qué me terminé encontrando aquí?. Pues un quiero y no puedo, o mejor dicho, un puedo y no quiero. Vemos situaciones que intentan ser soeces, pero sin caer en el exceso, otras que intentan provocar pero que se ven forzadas, momentos supuestamente humorísticos que a mí personalmente no me arrancaron ni un esbozo de sonrisa. En general mi sensación en casi todo el tomo fue la de estar ante un Megg Mogg y Buho creado por Mr Wonderful. Un cómic ideado por alguien influenciado al 50% por el tebeo más indie y al otro 50% por Moderna de Pueblo, y el resultado a mí me generó una especie de disonancia cognitiva en la que pude ver ciertas virtudes, pero donde primó la estupefacción ante la poca gracia de lo que me estaba leyendo.
Vamos a tener mucho humor sexual, mucho humor menstrual y mucha broma supuestamente ordinaria pero que me suena más a chiste de pijilla rebelde escribiendo esto desde su piscina. Con lo que para mí el cómic acaba perdiendo todo el frescor natural del auténtico tebeo independiente, transgresor y que, por momentos, te hace sentir incómodo.
Obviamente la conclusión que saco de todo esto, no es que esté ante un mal cómic (aunque si que firmaría que estamos ante una mala comedia), si no que es un cómic cuyo estilo y tono no casa conmigo en absoluto. Esto tendrá su público. Seguramente gente más joven, interesados en una comedia algo más rebelde de la media pero que no hayan pasado antes por el cómic independiente más asalvajado. Por que en ese caso, esto seguramente se le quede corto y le sepa a poco.

Eso si, quiero romper una lanza en favor de la recta final del cómic. En las últimas 50 páginas, Elizabeth Pich cambia un poco el tono de lo visto anteriormente y nos cuenta una especie de viaje de autodescubrimiento con toques surrealistas por parte de la protagonista que me gustó bastante más que el resto. Si todo hubiese jugueteado con esa narrativa, otro gallo habría cantado en esta reseña.
El otro punto positivo que tiene Fungirl, es sin duda el dibujo. Sencillo, simplista pero que funciona muy bien y además es divertido. De hecho mucho más que su historia.
De nuevo la autora aquí vuelve a pecar de falta de personalidad y el estilo bebe de las cientos de tiras cómicas que podemos leer en redes sociales a diario, con personajes que carecen de boca y dibujados con apenas con 3 o 4 trazos, pero bueno, en general me ha gustado y ha hecho mucho más llevadera la lectura gracias a lo expresivos que son.

Al final Fungirl es una obra que no puedo recomendar. La he visto falta de carisma, falta de personalidad, siempre navegando entre varias tierras, y encima en ocasiones algo pretenciosa (como en esas ilustraciones entre capítulos buscando revisitar clásicos pictóricos, de nuevo idea que vimos en las portadas de Megg Mogg y Búho mucho mejor traídas).
Es un cómic que aunque se lee bien de una sentada, no ha conseguido divertirme demasiado ni dejarme poso alguno. Digamos que si te gustó croqueta y empanadilla o Moderna de Pueblo, y quieres explorar algo un poco más canalla pero sin quitarte las zapatillas de unicornio arcoíris. Este es tu tebeo.
