Rooster Fighter es un manga de Syu Sakuratani que, en el momento de publicar esta reseña, cuenta con 6 tomos publicados en España y 7 en Japón, país donde aún continua abierta.

Por si a alguien no le suena este título, decir que este es el famoso manga del gallo que llegó aquí gracias a Ivrea en 2021 y que hizo cierto ruido precisamente por este protagonista tan particular: un gallo experto en artes marciales llamado Kokesuke. Básicamente podríamos decir que estamos ante la típica locura japonesa que casi siempre vemos como una bizarrada no apta para el público occidental, pero que en este caso no sólo no se quedó en el país del sol naciente, si no que además nos llegó realmente rápido.
Rooster Fighter es la segunda serie de su autor, creada con el objetivo de ofrecer algo original y que aportase algo fresco al mercado nipón. Para ello se propuso traer un personaje principal “diferente” y pensó que una buena forma de hacerlo sería si este fuese un animal. Tras barajar diferentes opciones, finalmente se decidió por un gallo (según cuenta influenciado porque de niño tuvo uno como mascota), y a partir de ahí desarrolló una historia que tiene como elemento principal la acción y los combates, pero en el que el humor también está bastante presente.

Sakuratani ha confesado en alguna ocasión que para crear este manga se inspiró en obras como El Puño de la estrella del norte, Jojos Bizarre Adventures, Dragon Ball y, sobre todo, One Punch Man, una cómic con el que tiene bastantes puntos en común. Además de estos, yo añadiría una obra más: esa mítica Gon de Tanaka, un manga del que creo que también bebe.
La historia de Rooster Fighter es tan sencilla como bizarra. Nos encontramos en un Japón donde, aquí y allá, surgen los llamados Kijus (una variación del término kaiju), monstruos gigantes cuya mayor afición es ir por ahí destrozándolo todo a su paso y que, en realidad, son personas mutadas tras sufrir alguna experiencia traumática.
Kokesuke, nuestro gallo protagonista, está metido en un viaje en busca de un kijuu que mató a su hermana Sara tiempo atrás. A lo largo de los distintos tomos, iremos siguiendo sus peripecias mientras vemos como se cruza con diferentes kijus a los que, por supuesto, irá liquidando uno tras otro.

Durante este viaje, Kokesuke conocerá a otros personajes que se irán uniendo a él, todos ellos muy carismáticos, como el pollito Piyoko o una gallina pija llamada Elizabeth. Poco a poco irá montando casi sin querer, un pintoresco grupo que a mi personalmente me trajo reminiscencias de aquel que Gatsu acaba creando en Berserk.
Pero las similitudes con Berserk no terminan ahí, ya que precisamente Gatsu es uno de esos personajes a los que me recuerda este Kokesuke. Es el típico macho solitario, de pocas palabras, con una gran fortaleza, capaz de dejar asombrados a todos y todas con los que se cruza en cuanto se pone a combatir. Pero también un tipo solidario y hasta tierno llegado el momento. Muy en la línea, por ejemplo, de ese Kenshiro de El Puño de la Estrella del Norte. Eso si, aquí la gran diferencia es que no estamos ante un humano hipermusculado, si no ante un gallo.

Como el propio autor ha comentado en varias ocasiones, en Rooster Fighter el motor de la historia es la acción, aunque sin renunciar a la comedia cada vez que este considera oportuno introducirla. La vemos en capítulos de transición dentro de la historia o en escenas concretas, y la verdad que está muy bien traída. Se juega bastante con la condición animal de los protagonistas, con el hecho de que Kokesuke, además, sea todo un semental y por supuesto con esa Piyoko, el pollito que está enamorada de Kokesuke y que le da el toque tierno y simpático a la historia.
Eso si, curiosamente, y para mi sorpresa, hay menos humor del que esperaba y este se termina empleando más como un recurso cómico puntual para relajar el ambiente que como un elemento principal de la trama.
Y de hecho al igual que sucedía en One Punch Man, el humor irá decreciendo según avancen los tomos, quedando este relegado a un plano bastante anecdótico en los últimos que hemos podido leer aquí, y cayendo todo el peso de la trama en lo comentado un poco más arriba: las escenas de acción, que, eso sí, están llevadas de una forma espectacular. Son dinámicas y divertidas, con muchísimas carreras, volteretas, saltos y algunos golpes especiales con efectos visuales realmente llamativos. Obviamente durante las primeras páginas no deja de ser curioso que todo esto lo esté llevando a cabo un gallo, pero una vez te metes en la historia al final te olvidas de este detalle y acabas viendo Rooster Fighter como un manga de acción de primera división.

A mí personalmente me gustaba más el tono de los primeros 3 o 4 tomos, cuando el argumento iba tejiéndose a base de relatos más breves, con un poco más de humor y algo menos de epicidad. En los últimos hemos entrado en la dinámica de los combates grandilocuentes que se alargan capítulos y capítulos, y esto se me hace algo menos original y un poco más pesado (aunque espectacular visualmente). De nuevo, para los que llevéis One Punch Man al día, podéis entender el cambio de rumbo al que me refiero.
Aun así, todavía es pronto para achacarle nada a este manga y tendremos que seguir viendo cómo avanza para sacar conclusiones finales. Por el momento es una obra muy, muy entretenida, que tiene un equilibrio realmente bueno entre acción, comedia y drama (aunque decantándose claramente hacia la primera), y un dibujo de notable alto que destaca sobre todo a la hora de los enfrentamientos, donde Sakuratani demuestra que tiene un talento enorme a la hora de crear estas coreografías entre aves y monstruos mutantes.

Así que no puedo hacer otra cosa más que recomendar este Rooster Fighter a los que os gusten los mangas de acción y de monstruos, más aún si os gustan los protagonista sobrados y chulescos como los que nunca faltaban en los mangas clásicos noventeros. Y eso si, que no os importe que todo esté protagonizado por pollos, gallos y gallinas, un detalle que al final es clave ya que seguro que echará para atrás a más de uno.
