Aprovechando que se acerca la noche de Halloween, va siendo menester desempolvar esas pequeñas joyas de terror que duermen en los anaqueles de nuestras estanterías durante todo el año, y dejar que vuelvan a pasearse por nuestra imaginación como si de muertos vivientes se tratasen. Y de zombis va hoy la cosa, porque hoy toca hablar de Tokyo Zombie (Tōkyō Zonbi, Seirin Kōgeisha, 1999; editado en España por Autsaider Cómics), un manga muy gamberro que, para bien o para mal, no deja indiferente a nadie que lo lee.

Sobre su autor, cabe señalar que Yusaku Hanakuma es un mangaka considerado uno de los grandes maestros del subgénero heta-uma (literalmente «malo pero bueno»). En sus inicios, compaginaba su trabajo en una fábrica de extintores con su pasión por dibujar historietas, que enviaba a revistas manga. Influenciado por Yoshiharu Tsuge y el ambiente underground japonés, comenzó a colaborar en revistas de manga alternativo, experimental y de vanguardia. Tras ganar el Premio Nagai Katsuichi de la revista Garo, se dedicó por completo a la ilustración y al manga. Algunas de las obras más representativas de Hanakuma son School (Garo, 1995), Tokyo Zombie (AX, 1998-1999) o Mecha Afro-Kun (Comic Flapper, 2002), todas ellas siguiendo su característico estilo heta-uma, que combina una estética deliberadamente torpe con una fuerte carga expresiva y contenido emocional o crítico.

El estilo de los mangas de Hanakuma se caracteriza por el tono oscuro de sus historias y un ritmo trepidante que imprime en ellas. Tiene una extraña fijación en presentar como pareja de protagonistas a un personaje con el pelo afro y otro calvo —entre los cuales se percibe una sutil tensión homoerótica—. Sus personajes suelen ser inadaptados sociales que oscilan entre la tragedia y la comedia, y viven situaciones grotescas y violentas. Hanakuma utiliza la ironía, el humor negro y el absurdo para criticar el consumismo, la alienación y la hipocresía social, con el propósito de exponer la fealdad y el sinsentido del mundo contemporáneo. Además, incorpora su afición al jiu-jitsu, disciplina que practica y que a veces aparece reflejada en sus historias. Todos estos elementos confluyen en Tokyo Zombie, su obra más célebre. Con el impacto de este manga, Hanakuma logró consolidarse dentro de la corriente heta-uma como una de los autores más singulares del manga alternativo japonés, influyendo en toda una nueva generación de autores que buscan explorar la belleza de lo imperfecto
El argumento es el siguiente: Fujio y Mitsuo son dos tipos que trabajan en una fábrica de extintores y pasan su jornada laboral entrenando jiu-jitsu. Tras matar accidentalmente a su jefe, lo entierran en una montaña de basura llamada Monte Fuji Negro, donde los muertos al contacto con sustancias químicas generan una plaga de zombis que invade Tokio. Los protagonistas, fieles a su estilo, siguen entrenando hasta que se ven obligados a enfrentarse a los muertos vivientes, con un camión y escenas de acción totalmente desmadradas.

La gracia de Tokyo Zombie no está tanto en la historia como en los absurdos y despropósitos que se suceden página tras página. El dibujo, deliberadamente tosco, potencia esa sensación de libertad total del autor. El pacto tácito que hacen Hanakuma y el lector es el siguiente: el primero plasma las situaciones más disparatadas que se le ocurran para que el segundo se monde de risa. A veces da la sensación de cómic amateur, como los que algunos estudiantes de instituto dibujan en las últimas páginas de su libreta sin ninguna seriedad. El jiu-jitsu se dibuja con sumo cuidado, precisión y respeto. El resto es un festival de caos absoluto: cabezas volando, golpes imposibles, situaciones disparatadas y chistes que no tienen ni pies ni cabeza. Todo esto, junto con la traducción al español —urbana, chabacana y muy a tono con el humor del manga—, hace que cada escena funcione y te deje con la sonrisa puesta.
La frescura de la historia se diluye un poco y se hace algo más pesada en el último tercio de la obra, cuando básicamente se convierte en un torneo de artes marciales. Es una sucesión de combates que hacen que la historia avance con menos soltura y que entre en barrena argumental. Continúa teniendo gags y momentos muy divertidos, pero da la impresión de andar un poco en círculos.

Pero quedarse solo con el desparpajo del dibujo y la absurdidad de la trama de Tokyo Zombie sería nadar en la superficie. Este manga es una crítica a la encorsetada sociedad japonesa y a la lucha de clases. Un hipotético apocalipsis zombi se convertiría en un «sálvese quien pueda» donde pronto surgirían clases privilegiadas que, como la parte del coliseo, se entretendrían con los más desfavorecidos, como en el coliseo, donde los ricos se deleitan con las luchas a muerte. Toda una crítica al neoliberalismo y su explotación de las miserias y la violencia. El sagrado Monte Fuji convertido en Monte Fuji Negro, un basurero reflejo de la sociedad japonesa contemporánea. Como contrapunto a todo esto tenemos el jiu-jitsu que representa la disciplina y la resistencia frente al caos y la descomposición social.
Todo esto funciona porque la realidad puede ser igual de absurda y cruda. Al igual que pasa con el cine de Quentin Tarantino, en Tokyo Zombie la violencia es tan grotesca y exagerada que el lector la percibe como algo cómico y como un vehículo para transmitir la sátira. Sin esta las escenas serían simplemente viñetas sangrientas triviales.

En definitiva, Tokyo Zombie es una obra que quizás no entrará por el ojo a los que están acostumbrados a las líneas estilizadas del manga más ortodoxo. Sin embargo para los que se acerquen con la mente abierta descubrirán en el universo de jiu-jitsu, pelos afro y alopecia de Yusaku Hanakuma que la transgresión de los férreos códigos del manga convencional puede ofrecer caminos muy interesantes para experimentar con las desproporciones, el ritmo y la narrativa. Les hará pensar en lo absurdo de la realidad o, simple y llanamente, les parecerá una parodia divertidísima del género zombi, sin más. Pero no sea un plato al gusto de los paladares más exigentes, quienes gusten de otros cómics alternativos como Megg, Mogg y Búho, Las 7 vidas del gato Fritz o Cowboy Henk reconocerán entre estas páginas la misma libertad creativa e hilaridad. Sea como fuere, Tokyo Zombie es un manga que merece ser leído al menos una vez en la vida.
Ojalá otras editoriales como Autsaider Cóics se atrevieran a traer otras obras de Hanakuma —como el ya mencionado Mecha Afro-Kun— y de otros mangakas alternativos, ¡aunque tengamos que aprender jiu-jitsu o surfear sobre chanchitos para conseguirlo!
