Desde hacía tiempo teníamos pendiente dedicarle una reseña a la obra de Zerocalcare, y qué mejor que empezar por La profecía del armadillo (La profezia dell’armadillo, Edizioni Graficart, 2011; editado en España por Reservoir Books), una de las historietas que más nos ha entusiasmado en los últimos años. Además, inaugura una serie de fumetti que, por suerte para todos, cuenta con varias continuaciones de este universo personal de Zerocalcare que tanto éxito está teniendo. De hecho, ha llegado a ampliarlo con dos series de animación.

Antes de meternos en harina, conviene dar que dar una rápida pincelada biográfica sobre el autor, ya que su vida y su obra están estrechamente ligadas. Detrás del pseudónimo Zerocalcare —tomado, dicho sea de paso, del estribillo de un anuncio de un producto antical para planchas— se esconde Michele Rech, un historietista italiano que inició su carrera como dibujante cuando cursaba la educación secundaria y realizó un tebeo amateur sobre las manifestaciones ocurridas en 2001 contra la reunión del G8 en Génova.
Desde entonces, y durante varios años, no ha dejado de trabajar como ilustrador en varios periódicos y revistas italianos, además de colaborar en numerosos fanzines y de diseñar carteles para manifestaciones y conciertos.
Durante sus primeros años de aprendizaje, Rech también formó parte de movimientos sociales y se movió en la órbita de las escenas musicales del oi!, del hardcore, del punk rock y del movimiento Straight Edge, que le dejan una profunda huella que más tarde influirá de forma capital en su obra. Fue en esta época cuando realizó algunos fumetti de carácter político, como La politica non c’entra niente o un webcómic para DC Comics llamado Safe Inside.

Según explica la sinopsis de la obra, «se denomina “profecía del armadillo” a cualquier previsión optimista basada en elementos subjetivos e irracionales, disfrazados de lógica y objetividad, y destinada a alimentar penas, decepciones y frustraciones». Desde luego, toda una declaración de intenciones.
Esta es una obra de autoficción en la que el protagonista es el propio Zerocalcare, que estará acompañado de su conciencia que toma la forma de un armadillo gigante que lo guiará y aconsejará — más mal que bien— por la vida y por las páginas de esta historieta.
La historia comienza con la llegada a su bandeja de entrada de un correo electrónico, con nocturnidad y alevosía de Camille, una amiga de la adolescencia, que turba tanto a Zerocalcare ante la perspectiva de tener que hacer de anfitrión y perder temporalmente su intimidad que tiene una pequeña crisis. Todo para descubrir que quien le escribe es el padre de su amiga para comunicarle que Camille ha muerto, lo que le dejará hundido.

La muerte de Camille es el pistoletazo de salida para una historia que se mezclará con recuerdos del pasado y con estampas costumbristas cotidianas, que en un primer momento pueden parecer inconexas y de diferente extensión — algunas de una página y otras de varias páginas— como si fuesen una recopilación de tiras cómicas de un periódico, pero que en realidad forman un lienzo único y coherente, una reflexión generacional sobre el inexorable paso del tiempo, las oportunidades perdidas o el actuar a destiempo, la amistad, el amor, las contradicciones que todos albergamos en nuestro interior, la vida en el barrio de Rebibbia y su contraste con el centro de Roma.
Zerocalcare se desnuda emocionalmente y se desvela ante el lector como alguien neurótico, inseguro y vulnerable, que mostrará sin tapujos su ansiedad, sus miedos, sus inquietudes vitales como una suerte (salvando las distancias filosóficas e ideológicas entre ambos) de Woody Allen milénico, posmoderno y de barrio.
También vemos a un personaje empático, reflexivo, autocrítico y sensible, con una fuerte conciencia social. Esto lo convierte en un personaje imperfecto pero auténtico, muy lejos de ser un héroe, que utiliza el humor como escudo ante temas duros como la muerte, el desencanto o la precariedad de la sociedad moderna; haciendo de La profecía del armadillo un manifiesto generacional en el que el lector se verá reflejado en su confusión y sus inseguridades.

En cuanto al apartado gráfico, el dibujo es caricaturesco, pero con un sello personal muy marcado, del que se sirve en algunos momentos para exagerar detalles o para utilizar como recurso la transformación de algunos secundarios en animales o en personajes de la cultura pop, así, el lector ve de un solo vistazo lo que piensa Zerocalcare de ese personaje.
El humor —tanto gráfico como textual— es una de las partes más importantes de este fumetto, ya que se sirve de él para hacernos partícipes de su mundo, pero también para hacer más digeribles algunos momentos más duros del relato, ya que en varias ocasiones deja un regusto agridulce que permanece una vez que hemos cerrado el tebeo y que invita a la reflexión.

La profecía del armadillo tiene una adaptación cinematográfica (La profezia dell’armadillo, Emanuele Scaringi, 2018) que, por desgracia, no es capaz de capturar esa mezcla de comedia y tragedia vital del fumetto de Zerocalcare. Aunque conserva algunos de los gags, unas actuaciones más bien acartonadas y la pérdida del humor gráfico la convierten en una película fallida a la que le falta todo el encanto del cómic.
Zerocalcare nos ha dejado uno de los tebeos más sinceros y personales del nuevo fumetto italiano. Las referencias culturales, los temas que trata y las situaciones hacen de La profecía del armadillo un cómic generacional con un humor mordaz e irónico, en el que lo importante no es lo que te cuenta sino cómo te lo cuenta.
Seguiremos dando cuenta de los siguientes fumetti de Zerocalcare a medida que los vayamos leyendo, a no ser que… nuestro armadillo interior nos (mal)aconseje lo contrario.
