Made in Abyss, de Akihito Tsukushi, es uno de esos mangas que siempre han tenido una sombra bastante particular tras él por lo oscura y perturbadora que es. ¿A qué se debe esto? Principalmente a que siempre se ha dicho que su estética tiene un contraste brutal con el tipo de historia que luego nos cuenta.

Tsukushi es un mangaka y diseñador que se caracteriza por sus personajes infantiles y kawaii, de ojos grandes y aspecto tierno. Lo hemos visto tanto en sus obras en papel como en sus diseños para videojuegos.
En Made in Abyss esto también destaca, no hay más que echarle un ojo a cualquiera de sus portadas, pobladas por este tipo de personajes, como sus dos protagonistas: una niña llamada Riko y un niño llamado Reg.
Ambos viven en la ciudad de Orth, que destaca sobre todo por contar un gigantesco agujero en la tierra, un enorme abismo al que continuamente envían exploradores que se dedican a investigar sus profundidades. Según el nivel de estos exploradores, mayor será su capacidad de descender en el abismo, aunque eso si, nadie sabe cuál es su tamaño real, ya que llegados a cierta profundidad se pierde todo contacto con todos ellos.

La madre de Riko es una de las exploradoras más importantes de la historia, pero fue dada por muerta tras desaparecer en el abismo tiempo atrás. Al comienzo del manga Riko localiza un mensaje suyo y junto con Reg deciden lanzarse al abismo y descender todo lo posible para encontrar más información sobre ella.
Y así da comienzo esta historia de exploración a lo desconocido. Si en uno de mis mangas favoritos, que es Blame!, Tsutomu Nihei nos hacía explorar un mundo vertical siempre hacia arriba, aquí Tsukushi hace lo propio pero en la dirección contraria: siempre hacia abajo.

Estamos ante una aventura que, aunque mantiene elementos clásicos del manga más juvenil, como la acción, los diferentes rangos y niveles en los personajes, los villanos a modo de final bosses, etc… logra distinguirse del resto por el tono de su historia: que pasa de lo distendido y simpático a lo perturbador y retorcido sin apenas prepararnos el cuerpo.
La historia, la ambientación y los personajes que irán apareciendo, se oscurecerán tomo a tomo según vayan descendiendo los protagonistas por el abismo. Y se irán dando situaciones realmente chocantes que ya no solo remueven por lo que ves, si no también por lo que explican o insinúan.
Lo que en un principio parecía que iba a ser el viaje juvenil por una tierra misteriosa de estos dos protagonistas kawaii, se acaba convirtiendo así en un puñetero paseo por el infierno, donde ambos vivirán momentos que traumatizarían al mismísimo H.P. Lovecraft.

Y aquí me gustaría subrayar uno de los puntos más perturbadores del manga: que al final todas estas situaciones tan impactantes y duras no les sucederán a los típicos héroes musculados, si no que las van a estar padeciendo dos niños de 12 años. Y ya os aviso de que en Made in Abyss no hay mucho lugar para las sutilezas, por lo que veremos a estos niños desangrarse, sufrir o llorar de manera descarnada. Tsukushi para esto es bastante visceral.
Este hombre tiene un don particular para incomodar, eso está claro, y al que no le suene agradable esta propuesta, ya puede darse la vuelta y alejarse de Made in Abyss. Estas sensaciones incómodas vienen desde el momento en el que se elige a un grupo de críos como protagonistas, pero continúa con los exploradores que se irán cruzando, desquiciados y sádicos en la mayoría de ocasiones, y con las criaturas que irán apareciendo durante el viaje, algunas por lo aterradoras que son y otras por lo fríamente que son tratadas por Riko y Reg, que solo las ven como alimento.

Pero una de las grandes virtudes de Tsukushi en este manga es la de saber enganchar y hacernos querer saber más sobre el abismo. El mundo que crea este mangaka es muy interesante, con muchos misterios por desvelar y un trasfondo trabajado y lleno de buenos detalles en su ambientación. Cada capa que los personajes descienden trae nuevas sorpresas, así que al final uno como lector se vuelve adicto a este maldito abismo, siendo difícil abandonarlo hasta no conocer su final.
El dibujo por su parte es bastante particular y reconocible, el diseño de personajes se mueve entre lo kawaii y lo aterrador, el trazo es bastante ligero, casi abocetado, y las viñetas suelen estar cubiertas por una capa de tramas grises que lo oscurece todo. Cuando hay batallas el estilo es muy dinámico, lleno de movimiento, hasta el punto de que alguna escena se hace difícil de seguir. Pero en general, me parece un apartado artístico notable.

En definitiva, Made in Abyss me está pareciendo un viaje absorbente. En los tomos que llevamos publicados en España hemos tenido arcos más cortos y otros más largos (uno de ellos, el de Faputa, quizá se hizo algo farragoso en sus últimos capítulos) pero Tsukushi siempre sabe reencauzar la trama, y volver a plantarnos delante algún nuevo escenario o un secreto del abismo que nos hace querer seguir avanzando.
Toda esta parte más perturbadora, oscura y retorcida de la que os hablaba, para mí es un punto muy positivo que le da un aire a la serie totalmente distinto a otras. En ocasiones te revolverá por dentro, en otras te deprimirá o incluso te puede llegar a escandalizar. Y yo no sé vosotros, pero yo leo cómics para sentir cosas (buenas o malas, me da igual) y por lo tanto este Made in Abyss conmigo ha sido todo un win win.
